martes, noviembre 11, 2008

El cuadro de la pared de mi cuarto

El viento arrastró hasta el mar las hojas del otoño y junto a ellas se llevó mi alma. Varada en una roca, gaviotas la encontraron y, malherida, la llevaron volando a tierras desconocidas. Aburridas, finalmente, de su inerte compañía la dejaron caer sobre el agua. Encontrándose, de esta manera, alma y mar por fin; enamorándose se mezclaron y perdieron, pues mi alma en agua se convirtió. De la misma forma, aprovechó la tuya el blanco y diáfano viento invernal y en cuanto de mi te quisiste escapar, se arrancó a si misma de tu cuerpo y se escondió en el fondo de un jardín junto a las más bellas flores. Envidia sintió en ese lugar de la belleza de sus compañeras y fue convertida en jazmín, jacintos y azucenas. Así, sobre un trozo de madera que frente a mi cada mañana descansa, plasmó el artista como se reunirán nuestras esquivas almas perdidas cuando volvamos a encontrarnos y seamos nuevamente lo que dejamos de ser cuando ellas nos abandonaron.
Imagen: Marisa Varisco, Jazmín de Agua.

miércoles, noviembre 05, 2008

La danza del fuego

Aquella noche llovía estruendosamente. Fue, de hecho, la última de un temporal que había recrudecido con el paso de los días. En la casa, el fuego bailaba dentro de la chimenea ofreciendo un hermoso espectáculo. Los habitantes cenaron con alegría comentando maravillados cuanto la chimenea calentaba y lo bello que el fuego en ella se veía. Después de que se fueron a acostar, el fuego siguió bailando aunque sólo lo admirasen un perro que dormitaba sobre la alfombra y un gato que perezoso caminaba por un sofá. Las gotas de lluvia golpeaban las tejas produciendo así el ritmo que alentó a la primera llama a saltar sobre la alfombra, se hizo entonces más fuerte su danza, más rápido su paso, más encantadora su gracia y contagiadas las demás, saltaron también a la alfombra extendiendo su baile al ritmo de las gotas de lluvia por los demás muebles y, finalmente, por toda la casa.