martes, abril 06, 2010

Fantasía


Las observo bajo la luz tenue que atraviesa su ventana, recorren sus cuerpos mientras la luz amarillenta las baña y convierte su piel en oro. Se besan con pasión, recorriéndose mutuamente aquellas curvas perfectas que se dibujan en la semioscuridad de su habitación. Pechos perfectos, el cabello sobre la espalda, piel sobre piel. Se ven tan suaves, tan etéreas que temo que en cualquier momento se desvanezcan en una nube de humo dorado. Sus movimientos llenan de excitación mi vientre, mis manos se guían solas por mis pechos endurecidos, por mi entrepierna húmeda, como si no fuera yo quien las controla, sino ellas desde el departamento del frente. Se besan con movimientos perfectos, poco a poco llevándose por el camino del placer. Las sigo a paso firme. El orgasmo llega, me tiendo sobre el sillón, siento un cosquilleo prolongado e intenso en el vientre. Ahí yazgo jadeando acalorada a medio desnudar. Desearía poder verlas frente a frente, tocar esos labios, sentir esos cuerpos. Al mirar por la ventana nuevamente ya han apagado la luz y sólo veo la luz de un poste reflejarse en su ventana. Resignación. Avanzo aún como en un sueño hasta la habitación, mi marido duerme con el televisor encendido y se despierta cuando me acuesto junto a él sólo para abrazarme y darme un beso que recibo con alegría. Qué segura me siento en sus brazos anchos. Entonces acostada ahí, mientras en mi mente repito lo que acaba de suceder sin llegar a creerlo realmente, me duermo.

jueves, diciembre 31, 2009

Pobre hombre

Eras un hombre perfecto. El mejor en lo tuyo. ¿Qué pasó entonces? Si trataste de hacer siempre lo correcto, de tomar siempre la mejor decisión. ¿Por qué salió todo mal? Es posible que el destino no haya querido tu fortuna, pero sabes bien lo que pasó, lo que hiciste y ahora sólo queda resignarse.
Pobre hombre sin alma, prisionero de tu propia mente. Pobre marchito girasol, esclavo de la blanca luz.
Elegiste detenerte y probar, cuando lo único que debías hacer era continuar. ¿Quién te pidió que tomaras decisiones? ¿Quién fue? ¡Dilo!
Necesitabas luz, ¿cierto? Mas el precio por ella es más alto de lo que parece, más alto de lo que dicen, ahí caíste en el abismo. ¡Estúpido! No debes tomar esas decisiones, sólo debes obedecer y aunque te equivocaste y es válido, no hay forma ya de arreglarlo, es demasiado tarde, ni siquiera el falso llanto ayudará.
Pobre maldito hombre sin alma, esclavo de tus decisiones. Pobre animal perdido que actúa por instinto.
Volviste otra vez, sabía que lo harías, pero de verdad creíste que te ayudaría. Por favor, hazte cargo de tus elecciones, de tus equivocaciones. Ya nadie te cree, ya todos te conocen y ya nadie confía en ti. El alma siempre va redescubriendo razones que creía olvidadas. Lástima que la hayas vendido, ahora no eres más que cerebro y piel. ¿Aún puedes sentir sin corazón?
Pobre hombre sin alma, así eres, así te quedarás.
¡Qué pena! Eres una vergüenza, das lástima sentado ahí, intentando sonreír, mientras por dentro te pudres lentamente, mientras todo el mundo se ríe de ti. Pude haberte ayudado mucho, ya lo sabías, te habías dado cuenta y aún así no hiciste nada diferente, cuántas oportunidades desechadas, cuánto tiempo perdido, cuánto sufrimiento innecesario.
Pobre estúpido girasol ¿aún buscas la luz del sol? Pobre hombre, pobre animal, para siempre condenado. Condenado a vagar, a necesitar ayuda y a no ser capaz de pedirla. Condenado a sufrir, porque nadie podrá ayudarte, nada te devolverá tu forma original.
Pobre marchito girasol, pobre hombre sin alma, pobre animal perdido. ¿Te doy un consejo? Cierra tus ojos y no vuelvas nunca más a abrirlos, por favor, no vuelvas a abrirlos.

miércoles, noviembre 25, 2009

Vuelve

Aunque me niegues escuchar tu voz o tu risa. Aunque me prohíbas hablarte, ver tu rostro, tu sonrisa, sentir tu cuerpo. Aunque no dejes que me acerque a tu alma. Siento que aún me perteneces, como le pertenece el viento a la noche o el mar a la luna.
Cuando debía nacer nuestra primavera, yo elegí vivir mi invierno, mi infierno. No sé cuando volveré a reír, no sé cuando volveré a ver con amor lo que me rodea. Es que todo lo que toco, todo lo que hago, todo lo que tengo me recuerda a ti y duele. Duele saber que emprendiste un viaje sin regreso, duele saber que me dejaste al olvido como una buena historia, buenos momentos, pero momentos pasados que jamás volverán. Quiero pensar que me llevas aún contigo, deseo que mientras caminas por ese sendero algún giro te traiga de vuelta y te topes conmigo para poder abrazarte, besarte y decirte cuanto aún te amo. Pero soy ingenuo, leo tus escritos y es una forma de tenerte cerca, aunque estés tan lejos y busco algún mensaje entre tus palabras y no logro convencerme de que para mí ya no hay letras, ni palabras cargadas de amor, ni siquiera de odio. Sólo el olvido.

viernes, noviembre 20, 2009

Títere

“… Cuando la música suena y todos se mueven al ritmo de la última canción de moda es cuando yo más estúpido me siento. Es que al mirarte de lejos, Daniel, me siento como un pobre perro al que le muestran comida y no se la dan. Porque eso es lo que tú eres, mi alimento para todo tipo de apetito. Y aquí sigo estando para ti… cuando quieras. Y como un estúpido aún espero que llames nuevamente, para oír esa voz tuya y me imagine una sonrisa dibujarse en tu carita de muñeco. ¿Recuerdas cuando te dije que para mí eras un muñeco y tú con pena me pediste que contigo no jugara? Que mi fama, que lo que los demás dicen, que los rumores… ¿En qué momento dejé de ser el titiritero y me convertiste en el maldito títere? ¿Cuándo, que no me di cuenta, me enredaste con tus hilos y comenzaste tú a jugar conmigo?... Es por eso que ahora te escribo, para pedirte con tristeza en el rostro: Deja de jugar conmigo…”

viernes, noviembre 06, 2009

Nada más

Ahora no queda nada más que decirnos, cualquier palabra que de nuestras bocas salga se perderá en la oscuridad de la habitación y se hará trizas cuando golpeé el suelo. Aquí acostados no somos más que dos siluetas que intentan adivinar la expresión en el rostro del otro. No me tocas, pero sé que deseas hacerlo. No te beso, pero me muero por hacerlo. A veces, el orgullo herido puede más que el amor y aunque el dolor físico se olvide más rápidamente, son las heridas del alma las que perduran en el tiempo, pues no existen ni pastillas, ni ungüentos para sus aflicciones.
La noche ya termina y no sé cómo, pero descanso en tus brazos, no hemos dicho nada aún. Sólo te abrazo sin soltarte y aprovecho de sentir tu piel. Porque cuando salga el sol tendremos que volver a vernos las caras y las lágrimas que durante la noche no derramamos, se escaparán inevitablemente de nuestros ojos.

miércoles, mayo 13, 2009

Lo siento

Las luces de los otros autos pasan rápidas frente a sus ojos, extendiéndose como pequeños rayos que parecen no extinguirse. Está desconcertado, avanza por la carretera sin poder sacarse ninguna palabra de la mente… ni de la piel. Se siente herido, como un escorpión que ante una amenaza se entierra su propia cola, porque aunque luego el supuesto peligro pase, la herida queda hecha. Sabe que actuó mal, sabe que no debió decir lo que dijo, pero no es bueno pidiendo disculpas, las palabras no suelen salir de su boca de la forma en que le gustaría, sino que se atropellan unas a otras y por lo general salen las que realmente no quería que salieran.
El semáforo da rojo, le tiemblan las manos y tiene un palpitar horrible en la sien. Puede saborear la tinta de cada una de las palabras que aún permanecen atoradas entre sus dientes. Sólo desea llegar pronto a su casa y meterse bajo las sábanas, para olvidarse de todo y perderse en su propio mundo de fantasía.
Sigue avanzando, en siete interminables minutos está de regreso en su hogar. La soledad lo recibe con una frialdad implacable. Se recuesta sobre la cama y se lanza a llorar. No puede parar. Llora tinta y rabia. Llora amor y llora odio por sí mismo. La calma la trae medio Ravotril que encuentra sobre su velador, se duerme.
A la noche siguiente el teléfono no ha sonado aún y se resigna. Toma un lápiz y papel y camina hasta el balcón, enciende un cigarrillo que no logra terminarse. En una hoja escribe con letras grandes: Lo siento. Avanza hasta el borde y deja que el viento se lleve el pedazo de papel. Nunca fue bueno hablando, siempre prefirió escribir, porque así podía ordenar de mejor manera sus pensamientos caóticos y sin sentido. La caja entera de Ravotril fue suficiente para dormir y no volver a salir de su propio mundo de fantasías.

miércoles, abril 08, 2009

La misión de las estrellas

El sol se ocultó de repente y el cielo, antes rojizo, tomó en seguida el negro oscuro que caracteriza las noches sin luna. Las estrellas brillaron poco a poco en el firmamento y vigilaron con sus pequeños ojitos a los habitantes de Santiago, como siempre lo hacen. Espías de la vida nocturna, confidentes de todos los noctámbulos, como aquellos que como yo fuman un cigarrillo desde el balcón de algún departamento, mirando como el cielo se llena de lucecitas que los invitan a contar sus pensamientos más ocultos y así liberarse, para poder irse a dormir más tranquilos.

jueves, abril 02, 2009

Nubes

Qué triste como te despides por última vez antes de voltearte y desaparecer por la puerta. Que triste como a medida que te alejas dejo de sentir pasión o ese sufrimiento tan propio del amor. Morirá lentamente este sentimiento. Siento mi cuerpo vaciarse, siento como se me apaga el alma. Sé no habrá nada que pueda decir para que te quedes y sé que llegará un momento en que ya no sentiré nada… Ni siquiera cuando te recuerde, mientras el sol entra por la ventana de mi cuarto y golpeé mi rostro, porque aunque en mis ojos tenga la impresión que llueve, el cielo estará limpio de nubes.

lunes, febrero 09, 2009

Palabras a Lucía de Siracusa

No importa que por despecho el hombre prometido acuse ante sus jueces la promesa sin cumplir. No importa que profieran condenas insulsas y faltas de real autoridad, porque no importa lo que pase, lo que crees echará raíces en la tierra y como las de un gran roble te mantendrán de pie, de esta manera no habrá carreta de bueyes, ni ejército capaz de llevarte ante el juez, que furibundo por esto tu cuerpo mandará a quemar.
Pero no debes preocuparte, deja que las llamas de la ignorancia quemen a aquellos faltos de la luz que tus ojos otorgan, porque de esa forma, cubiertos con la resina de la intolerancia, arderán sus cuerpos más de prisa. Y aunque las llaman abracen también tu cuerpo, lo acariciarán en realidad como la seda.
Aunque luego una espada atraviese tu garganta llevándose tu vida, espera a que sus creencias se vuelvan obsoletas y ellos conformistas, porque una vez que estén muertos: el viento y el tiempo arrasarán sin piedad con su piel, su carne y sus huesos, dejando de ellos nada más que un vago recuerdo en la historia. Mientras que tu cuerpo se mantendrá puro por siempre. Serán tus ojos íconos para los pueblos de la Tierra; a pesar de que en vida los hayas arrancado para no ver al hombre prometido y descansen en una bandeja de plata, con ellos guiarás a los que busquen la verdadera luz que en tu nombre se esconde.

lunes, enero 05, 2009

Debes saber

Debes saber que cuando la noche sea cruel y la luna te niegue su regazo, que cuando las lágrimas quiebren la templanza de tu rostro como un río que asalta la quietud de una planicie, mis brazos permanecerán siempre abiertos para que encuentres en ellos cobijo y consuelo.

Debes saber que cuando mis torpes manos se pierdan por las líneas de tu cuerpo, será porque buscan un lugar que ya no les pertenece. Debes saber que aunque las dudas que se arrancan de tu cabeza, aten mis manos a tu cuerpo, saben ellas muy bien que sólo están ahí de paso y que en cuanto el sol salga y con sus rayos te brinde el cobijo que la luna plateada te había negado, deberán cortar las raíces que durante la noche en tu cabello echaron y así dejar el espacio libre para que otros dedos ocupen su lugar.

viernes, diciembre 26, 2008

Puesta de sol

- ¿Te ha pasado que en uno de esos días de verano miras al cielo y como está tan claro piensas que aún debe ser muy temprano?
Daniel le preguntó a Esteban que sentado frente a él lo miraba sin entender qué era lo que intentaba decir. Daniel suspiró y continuó sin esperar respuesta.
- Para mi la vida era como uno de esos días. No me preocupaba de que en algún momento llegara la noche, porque para mí había tanta luz que siempre era temprano, pero… el tiempo siempre pasa… Mi vida eran las fiestas, un submundo en el que me movía oculto detrás del humo de los cigarrillos que no dejaban nunca de encenderse, rodeado de amistades imaginarias que nunca pasaban de ser conocidos, pues no sabían más de mi cosas como que prefiero el vodka que el ron. Mis amores no eran más que amores esporádicos que si daba el ánimo eran de una noche y que si no, duraban apenas un par de horas… Vivía entre esas ilusiones y, francamente, no me importaba.
Esteban escuchaba estoico lo que Daniel tenía que decir, él ya había hablado y no podía decir una palabra más sin que se le quebrara la voz.
- Así era mi vida, Esteban, vivía inconsciente de que el día estaba por darle paso a la noche. Pero al conocerte eso cambió, fue como mirar el reloj y darme cuenta de que a pesar de la claridad ya eran las nueve y que en media hora el día se volvería oscuridad.
Daniel cerró los ojos intentando mantener las lágrimas encerradas. Esteban los cerró también, pero para encerrar los sentimientos, quería salir luego de esa casa sin arrepentimientos, sin mirar para atrás.
- Tú me trajiste la calma… La noche, pero no como decadencia, sino como asentamiento y tranquilidad. Como una nueva etapa en la vida. ¿Cómo puedo estar tranquilo sin ti, ahora que sé que los amigos y las risas no eran más que simples ilusiones y que por mucho que lo intente no habrá cortina de humo capaz de ocultarme nuevamente? ¿Cómo podré volver a lo mismo? ¿Cómo daré un beso y no desear besar los mismos labios a la mañana siguiente?
Esteban se levantó, el reloj en su muñeca marcaba las 19.34, con paso lento fue hasta la puerta y miró directamente a los ojos de Daniel, murmuró palabras que no se alcanzaron a entender y no dejó de hablar hasta que la primera lágrima brotó de uno de sus ojos y cayó al suelo, entonces salió de la casa y entró en el ascensor. Mientras esperaba a que la puerta de metal se cerrase frente a él dio una última mirada a Daniel, que sentado sobre la alfombra lloraba en silencio con la cabeza entre las manos, intentando así capturar en su memoria el brillo que irradia el día al atardecer antes de convertirse definitivamente en noche.

martes, noviembre 11, 2008

El cuadro de la pared de mi cuarto

El viento arrastró hasta el mar las hojas del otoño y junto a ellas se llevó mi alma. Varada en una roca, gaviotas la encontraron y, malherida, la llevaron volando a tierras desconocidas. Aburridas, finalmente, de su inerte compañía la dejaron caer sobre el agua. Encontrándose, de esta manera, alma y mar por fin; enamorándose se mezclaron y perdieron, pues mi alma en agua se convirtió. De la misma forma, aprovechó la tuya el blanco y diáfano viento invernal y en cuanto de mi te quisiste escapar, se arrancó a si misma de tu cuerpo y se escondió en el fondo de un jardín junto a las más bellas flores. Envidia sintió en ese lugar de la belleza de sus compañeras y fue convertida en jazmín, jacintos y azucenas. Así, sobre un trozo de madera que frente a mi cada mañana descansa, plasmó el artista como se reunirán nuestras esquivas almas perdidas cuando volvamos a encontrarnos y seamos nuevamente lo que dejamos de ser cuando ellas nos abandonaron.
Imagen: Marisa Varisco, Jazmín de Agua.

miércoles, noviembre 05, 2008

La danza del fuego

Aquella noche llovía estruendosamente. Fue, de hecho, la última de un temporal que había recrudecido con el paso de los días. En la casa, el fuego bailaba dentro de la chimenea ofreciendo un hermoso espectáculo. Los habitantes cenaron con alegría comentando maravillados cuanto la chimenea calentaba y lo bello que el fuego en ella se veía. Después de que se fueron a acostar, el fuego siguió bailando aunque sólo lo admirasen un perro que dormitaba sobre la alfombra y un gato que perezoso caminaba por un sofá. Las gotas de lluvia golpeaban las tejas produciendo así el ritmo que alentó a la primera llama a saltar sobre la alfombra, se hizo entonces más fuerte su danza, más rápido su paso, más encantadora su gracia y contagiadas las demás, saltaron también a la alfombra extendiendo su baile al ritmo de las gotas de lluvia por los demás muebles y, finalmente, por toda la casa.

viernes, octubre 24, 2008

Encuentro

Caminaba yo con rapidez por un pasillo con la cabeza gacha, iba también alguien hacia mi, pero ninguno lo había notado. Tan ensimismados andábamos que sin darnos cuenta nos estrellamos.
Bastó sólo la sonrisa que se dibujó en su rostro para imaginarme a su lado para siempre. No sabía su nombre, ni su edad... no sabía nada, pero deseé con todas mis fuerzas que lo que imaginaba se cumpliera alguna vez. Nos mirábamos y sonreíamos divertidos dejando que la imaginación hiciera su trabajo.
‘Disculpa’ le dije finalmente, ‘No hay problema’ me contestó con su mirada en mis ojos y sin dejar de sonreír... Parecía que añadiría algo más, pero me di media vuelta antes de que se decidiera a hablar y los dos seguimos nuestros caminos con la vaga esperanza de que nos volviéramos a ver, pero sin saber que nuestros caminos no volverían a cruzarse nuevamente.

martes, octubre 14, 2008

Caballos Nocturnos

Sofía se despertó abrazada a Daniel, se levantó y le acarició con ternura, Daniel se incorporó y contempló las facciones de la mujer con que acababa de dormir. Tuve una pesadilla, murmuró Sofía al oído de Daniel. ¿Cuál?, preguntó éste. No sé… nada… sólo veía que te levantabas y te vestías… Hizo una pausa en que aprovecharon de besarse, Luego, sólo te ibas y no nos volvíamos a ver más, Eso no es una pesadilla, Lo es si se hace realidad. Daniel suspiró intentando no demostrar sus pensamientos internos, ella esperaba que él confirmase que ese mal sueño nunca se haría realidad; tenía los labios entreabiertos, la mirada ansiosa y en su respirar se adivinaba una agitación que no había presentado nunca antes frente a Daniel, ni siquiera cuando sus cuerpos se rozaban movidos por los hilos del deseo y de la inconsciencia etílica. Se conocían desde principios de año, pero todo contacto entre ellos se reducía a las miradas furtivas que se daban en los pasillos de la universidad, en ese entonces ya se deseaban, aunque por motivos diferentes: cuando Sofía miraba a Daniel veía en él un proyecto de marido, un hombre que la mimara, que le brindase una nueva vida, nuevas experiencias, nuevos mundos; por el contrario, Daniel sólo veía en ella una mujer hermosa que serviría para aliviar un poco el cansancio de una vida llena de confusiones y oscuridad…

A veces… el alcohol hace soñar cosas extrañas, comentó Daniel al cabo de un rato e intentó besarla, pero antes de que sus labios se tocaran Sofía se levantó y fue hasta la ventana. Encendió un cigarrillo.

El reloj de la pared marcó las diez en punto cuando, a medida que corría un poco la cortina para que el cuarto se iluminara, Sofía dijo: Igual… despertarse de una pesadilla es lo mejor… como darse cuenta de que sólo ha sido eso, abrir los ojos y ver la luz del sol, después de la noche oscura y llena de fantasmas… no sé, me dan ganas de cantar, dijo ella corriendo la cortina. Daniel también encendió un cigarro y se enderezó quedando con la espalda apoyada en la pared y los pies colgando, las volutas de humo que brotaban de su boca formaban extraños patrones en el aire enrarecido de la habitación.

»Genial que pienses así, Sofía, como si el solo hecho de despertar borrase todo lo que te aqueja… como si la luz del sol disipase tus miedos y temores, y solo quisieras levantarte y cantar aleluyas para agradecerle a Dios que luego de la terrible noche venga el día. Daniel pronunciaba cada palabra con un poco de ira, pero con mucho cuidado, continuó mientras el cigarrillo se consumía en sus labios. Pero… ¿qué queda para los que nos ocultamos en la oscuridad de la noche? ¿Qué se puede hacer cuando el mal sueño es la vida misma? Cuando dormir es, en efecto, el escape perfecto a una vida que no hace más que ponerte trabas y hacerte dudar. Dormir, solamente porque hay una esperanza - eso no más una esperanza- de que se pueda soñar algo distinto a la vida. No entenderías, para ustedes las pesadillas no son más que caballos nocturnos que pasan veloces e intermitentes por sus vidas. En cambio nuestra vida es una pesadilla, como si los caballos de la noche estuvieran siempre galopando sobre nuestras cabezas.

» ¿Qué podemos hacer cuando la luz del sol cada mañana nos muestre aquello que no queremos ver y los ojos de nuestra alma, que no se cierran, se quemen y ardan? ¿Qué queda para aquellos que como yo, no nos queda otra opción que ocultarnos en la noche oscura? No hay cantos de alabanza para aquellos que fuimos condenados a una vida de oscuridad. ¿Habrá, entonces, un despertar para nosotros? ¿Será la muerte el único despertar que tenemos? Me aterra pensarlo, yo no quiero morir… aún. Hizo una pausa breve en la que miró el cigarrillo que seguía consumiéndose. En parte, por eso fumo, para matarme lentamente, pues soy muy cobarde para hacerlo rápido, muy cobarde para tomar un cuchillo y clavármelo en el pecho, muy cobarde para saltar de un edificio y volar, sentirme libre de nuevo sin que el galope me atormente… Muy cobarde… Yo quiero encontrar un despertar en esta vida, quiero poder mirar por la ventana y decir: “Qué rico es cuando despiertas de un mal sueño”, quiero tener ganas de cantar aunque tenga que comenzar una vida nueva, porque los caballos de la noche aplastaron la anterior…

Daniel dejó de hablar porque el último poco de ceniza se desprendió del cigarrillo y había abierto un agujero en la sábana, en el colchón y en su piel. Sofía se había vestido sin dejar de escuchar a Daniel y lo observaba de pie frente a él asustada, sorprendida y sin saber que hacer. En realidad, ambos estaban sorprendidos, Sofía nunca lo había escuchado a él hablar tanto de corrido, ni Daniel tampoco le había dicho a alguien a lo que se sentía condenado. La verborrea siempre lo traicionaba, toda la vida su mente le había jugado en contra, en parte por eso se había convertido en un condenado, sólo cuando dejaba de pensar podía sentirse tranquilo, sólo cuando la luz del sol no le mostrara lo que de verdad era...

Daniel, eres un hueón súper extraño, dijo Sofía finalmente y dando media vuelta se fue; Daniel no intentó detenerla mientras ella abría la puerta, ni tampoco apareció corriendo cuando Sofía esperaba al ascensor y, si bien es cierto, se levantó y fue hasta la ventana, no fue para ver con nostalgia o remordimiento a Sofía alejarse caminando, tampoco lo hizo para agradecerle a Dios por el nuevo día que le brindaba, ni para observar la vida de sus vecinos… sino para, simplemente, cerrar la cortina que había quedado abierta y así poder volver a sumirse en la calma parcial que la oscuridad le brindaba a un alma condenada como la de él.