Era un día triste cuando se vieron por primera vez en un café del centro de la ciudad, desde ese día empezaron la rutina de encontrarse siempre a la misma hora y en ese mismo café. Luego de unos cuantos encuentros, en sus mentes comenzaron a gestarse fantasías propias que desarrollaban sólo con miradas seductoras, generalmente sosteniendo una taza con café o un cigarrillo en la mano. Vestían siempre de trajes elegantes, como ejecutivos.; ella usaba un traje de dos piezas: un pantalón o una falda, con corte vertical que dejaba ver sus blancas y largas piernas, y una chaqueta o una blusa escotada; él siempre de traje Armani, en diferentes colores y estilos. Acostumbraban a mirarse desde lejos, a tres mesas de distancia, y parecían comerse con los ojos; amantes en sus sueños y en sus mentes, cómplices de un amor extraño e incomprensible para los demás, eran dueños de un amor que no era amor y de fantasías irrealizables.
Un día llegó ella al café de siempre, en el horario acostumbrado. Esperándola se encontraba él, como siempre sentado a tres mesas de distancia, se miraban como siempre, pero los ojos de él que acostumbraban a tener lascivia desbordante, ahora la miraban con compasión y un poco de tristeza. Él se puso de pie y caminó hacía ella, la saludó seguro, ella lo miró nerviosa – era primera vez que oían sus voces – y repitió el saludo. Se sentó junto a ella y bebió un sorbo del café que sostenía en la mano. “Discúlpame” dijo con su voz roca y tranquila, ella se sentía nerviosa. “¿Por qué?” preguntó ella sobreponiéndose a sus nervios, él miró sonriendo tristemente y contestó de forma melancólica que al día siguiente se iría a otra ciudad y se casaría con otra mujer, ella sólo bajó la vista pero no respondió, ni dijo nada. Se puso de pie solamente y salió del café, dejando una taza olvidada repleta de líquido marrón en la mesa de siempre, en el café de siempre.
El día siguiente a la misma hora y en el mismo café, se pudo sentir la ausencia de los amantes silencioso que desnudaban con la mirada y se tocaban a la distancia, no hubo el típico expresso de él, ni el capuccino que ella tomaba diariamente. Él tomaba su café acostumbrado mientras miraba por la ventana de un avión, tratando de imaginarse sentado en su asiento de siempre, mirando a la mujer que bebía de pequeños sorbos su capuccino, pero ella no se encontraba en el café tampoco y no hubo nadie que pidiera un capuccino por ella, pues desde ahora ella sólo bebería el agua que se filtra de las flores que descansan sobre sus cabellos de oro.
1 comentario:
Para tu antiguo blog: Vuelveeeeee que sin ti la vida se me va [canción flop de la rikyta o sea Ricky Martin]
En fin, quedó bonito después de todo el blog xD jajaja
Saluditos niño
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