viernes, diciembre 26, 2008

Puesta de sol

- ¿Te ha pasado que en uno de esos días de verano miras al cielo y como está tan claro piensas que aún debe ser muy temprano?
Daniel le preguntó a Esteban que sentado frente a él lo miraba sin entender qué era lo que intentaba decir. Daniel suspiró y continuó sin esperar respuesta.
- Para mi la vida era como uno de esos días. No me preocupaba de que en algún momento llegara la noche, porque para mí había tanta luz que siempre era temprano, pero… el tiempo siempre pasa… Mi vida eran las fiestas, un submundo en el que me movía oculto detrás del humo de los cigarrillos que no dejaban nunca de encenderse, rodeado de amistades imaginarias que nunca pasaban de ser conocidos, pues no sabían más de mi cosas como que prefiero el vodka que el ron. Mis amores no eran más que amores esporádicos que si daba el ánimo eran de una noche y que si no, duraban apenas un par de horas… Vivía entre esas ilusiones y, francamente, no me importaba.
Esteban escuchaba estoico lo que Daniel tenía que decir, él ya había hablado y no podía decir una palabra más sin que se le quebrara la voz.
- Así era mi vida, Esteban, vivía inconsciente de que el día estaba por darle paso a la noche. Pero al conocerte eso cambió, fue como mirar el reloj y darme cuenta de que a pesar de la claridad ya eran las nueve y que en media hora el día se volvería oscuridad.
Daniel cerró los ojos intentando mantener las lágrimas encerradas. Esteban los cerró también, pero para encerrar los sentimientos, quería salir luego de esa casa sin arrepentimientos, sin mirar para atrás.
- Tú me trajiste la calma… La noche, pero no como decadencia, sino como asentamiento y tranquilidad. Como una nueva etapa en la vida. ¿Cómo puedo estar tranquilo sin ti, ahora que sé que los amigos y las risas no eran más que simples ilusiones y que por mucho que lo intente no habrá cortina de humo capaz de ocultarme nuevamente? ¿Cómo podré volver a lo mismo? ¿Cómo daré un beso y no desear besar los mismos labios a la mañana siguiente?
Esteban se levantó, el reloj en su muñeca marcaba las 19.34, con paso lento fue hasta la puerta y miró directamente a los ojos de Daniel, murmuró palabras que no se alcanzaron a entender y no dejó de hablar hasta que la primera lágrima brotó de uno de sus ojos y cayó al suelo, entonces salió de la casa y entró en el ascensor. Mientras esperaba a que la puerta de metal se cerrase frente a él dio una última mirada a Daniel, que sentado sobre la alfombra lloraba en silencio con la cabeza entre las manos, intentando así capturar en su memoria el brillo que irradia el día al atardecer antes de convertirse definitivamente en noche.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Tan intenso como siempre...uff....puta que haces pensar tu con tus relatos. Que puedo decir?...que no te haya dicho antes.....conviertes un montón de palabras en magia.

Un abrazo...Cris

Edu dijo...

Me gusta como escribes, Nico. A veces siento que debajo de lo que conozco de ti, hay un Nico que no conozco y nunca logré entender. Supongo que después de todo, todos tenemos nuestros pequeños mundos armados con palitos de fósforos que protegemos del incendio que provoca la opinión del resto.

Te quiero mucho, Niki.

Edu.

gabyko dijo...

xD que comes que adivinas xD!!!

no es que no me gustara, la primera parte me gustó, creo que iniciaste bien pero luego decayo en algo cursi prr...pero la primera parte bien.