sábado, julio 21, 2007

Capitán de mar y barro

Esteban tiene ocho años y ya es el capitán de su propio barco. Cada invierno, cuando el frío comienza a ser insoportable y llegan las primeras lluvias, cuando se derriten las paredes de su casa, nada más que latas y cartones, y el ventarrón ya ha arrasado con el techo. Él, sus tres hermanos y dos hermanas se aferran a su cama-barco y navegan por la calle-mar. Pasan por la cancha en la que alguna vez jugaron a la pelota, que ahora no es más que una pequeña isla con un arco en medio. Junto al puesto de sopaipillas de la mamá, que varó entre las plantas del jardín del castillo de su abuela. Se ríen al pasar junto a sus amigos, que miran amargados desde sus barcos aún atrapados en el barro. Y así se pasan los días, visitando lugares que nunca antes habían visto mientras la lluvia les limpia el rostro, hasta que el cansancio es más grande y caen rendidos en la cubierta.

Al despertar la lluvia ha cesado y el sol primaveral les calienta el rostro. Cuando Esteban se levanta, el barco ha sido arrastrado por la corriente y ha encallado en otro lugar. Su padre construye, con latas y cartones, un nuevo astillero para sus barcos, mientras su madre saluda a los nuevos vecinos y sus hermanos ya registraron el lugar y le traen las novedades. Así es cada invierno para Esteban y su familia: un nuevo viaje, un nuevo lugar por descubrir y la esperanza de que en el próximo invierno el mar lleve su cama-barco a un lugar más lejano.

martes, mayo 29, 2007

Engaño

La oscuridad se cuela en la habitación por debajo de la puerta y, como la niebla, trepa lentamente por todo lo que hay en el cuarto. Cierro los ojos, sólo siento el sonido de tu respiración y el palpitar de tu corazón cuando al inflarse tu pecho toca el mío. Siento tus manos acariciarme la espalda con movimientos imprevistos que me hacen estremecer levemente del placer y sonrío. Y tu sonrisa aparece cuando mis manos se guían solas hasta tu cabello, que hace tiempo que escasea. Y mis piernas se abrazan a las tuyas como diciendo que no quieren que te alejes de allí.
Entonces la luz plateada de la luna atraviesa la cortina de la habitación y se convierte en luz azul y creo ver tus ojos abiertos mirarme en la penumbra. La luz de la prostituta más grandiosa y mentirosa de la noche; la luz de la luna, esa mujer manoseada por artistas y por los que no lo son. Que es de todos y de nadie, que fue mía y tuya y de los otros la misma noche, en el mismo momento, y nos engañó a todos esa vez, de la misma forma en que mi mente y ella se alían esta noche para engañarme y hacerme creer que de verdad estás allí conmigo.

viernes, mayo 18, 2007

Pobre Hombre

Era un hombre perfecto,
Ejemplar, el mejor en lo suyo.
Si, era el mejor…
¿Qué pasó entonces?

Si trató de hacer siempre lo correcto,
Tomó siempre la mejor decisión.
¿Por qué salió todo mal?

Es posible, creo, que el destino
No haya querido su fortuna
Pero no fue así…sabe lo que pasó.
¿Qué hizo?

Pobre hombre sin alma
Prisionero de su propia mente.
Pobre marchito girasol
Esclavo de la blanca luz.

Eligió detenerse y probar
Cuando sólo debía continuar
¿Quién le pidió que tomara decisiones?
¿Quién fue? ¡Dilo!

Necesitaba luz, ¿cierto?
Pero fue muy alto el precio por ella
Ahí cayó en el abismo.
¡Estúpido! No debe tomar decisiones.
Sólo debes obedecer.

Si, se equivocó, no pudo
Ya no hay forma de arreglarlo
Es demasiado tarde
Ni siquiera el falso llanto ayudará.

Pobre hombre sin alma
Esclavo de sus decisiones.
Pobre animal perdido
Que actúa por instinto.

Volvió, sabía que lo haría
Pero, ¿de verdad creyó que le ayudarían?
“¡Por favor! Hazte cargo de tus elecciones.
Ya no te creo, te conozco, no confío.”

El alma descubre cosas perdidas
Lástima que la haya vendido.
Ahora es sólo cerebro y piel.
¿Aún puede sentir sin corazón?

Pobre hombre sin alma.
Así es, así quedará.
Nadie podrá nunca cambiarlo.
¿Lo entiende? ¡Jamás!

¡Que pena? Es una vergüenza.
Da lástima, tratando de sonreír
Mientras por dentro se pudre lentamente.
Mientras todo el mundo se ríe de ti.
¿Puedes verlo?

“Pude haberte ayudado mucho, desalmado.
¿Lo sabías? ¿Pudiste darte cuenta?
Pero no tienes alma, ¿recuerdas?
La perdiste, cuando caíste por primera vez.”

Pobre estúpido girasol
¿Aún busca la luz del sol?
Pobre hombre, pobre animal
Para siempre condenado.

Así es, condenado a vagar
Condenado a pedir ayuda, a sufrir.
Pero nadie podrá ayudarle, pobre
Nada le devolverá a su forma original.

Pobre marchito girasol
Pobre hombre sin alma
“Cierra tus ojos y no vuelvas a abrirlos
Por favor, ¡no vuelvas a abrirlos!”

sábado, mayo 12, 2007

Soy

Soy como el viento, me muevo sin ser notado, tratando de aprender lo más posible en mi viaje. Soy como un árbol que mueve sus hojas cuando el viento pasa entre ellas, me dejó llevar…

Como dos caras de una moneda, complementándonos perfectamente, me hacías sentir completo. Pero no pude soportar hacerte daño y tuve que huir, no pude soportar el hecho de que estaba dañando lo que más amaba en el mundo, así que me fui sin explicaciones, dejando un grito en el aire (que ahora mismo siento)

Ahora que vuelvo, sólo tengo la esperanza de que me abraces - y sé que lo harás – quiero que me ames otra vez.

Soy como el viento que te abraza por las noches tiernamente cuando no tienes a nadie, soy como la noche que te acoge pero te hace sentir frío...

Simplemente soy.

viernes, mayo 11, 2007

Es

Como una serpiente que se arrastra sigilosa entre la gente, sin ser notada, sin ser percibida, dejando parte de si misma mientras avanza y, encantando a la gente en el camino, se cuela en sus pensamientos. Un experto encantando, perfecto inventando mundos de fantasía para los demás, sin importarte como se sentirán cuando se derrumben los castillos en el aire.

Camina por el mundo indiferente, despreocupado, tan seguro de si mismo que da asco. Pero, aún así hay algo en su ser que descoloca, algo que desarma, algo en su mirada cristalina. ¿Por qué logra eso, si es desprecio en todas formas lo que uno siente por él? ¿Será la ternura que inyecta, como veneno, con cada mirada que da? ¿Será el recuerdo del calor de sus abrazos que aún sobrevive en la piel? O quizás son las miles de horas que pasamos juntos enfrentando el tiempo, haciéndolo retroceder.

Es como una serpiente que mira desafiante, eso es. Lo odio porque siempre está presente en la mente; lo amo porque no he podido olvidarme de su olor ¿Es posible decidir o sólo resta rendirse nuevamente al calor frío de sus abrazos? Es como el cielo, como el sol, mientras más cercano, más quema.

Es, él sólo es.

lunes, marzo 12, 2007

Jazmín

Las calles oscuras no opacan el blanco resplandor de su caminar, al contrario sirven de perfecto marco para el cuadro que provoca en cada lugar que su figura triste se posa.

La ciudad gris no absorbe su sobresaliente color: su abrigo blanco, su sombrero dorado y el toque elegante que imprime un tulipán que descansa aferrado a una cinta de raso negra.

La gente se voltea al verla avanzar y todas las miradas recaen sobre ella cuando se sienta en la misma banca del mismo parque cada día. Yo también la observo. El paisaje verde y gris de los árboles de otoño le ofrecen otro tipo de marco diferente. Camino a su alrededor, dando círculos, mirando cada uno de sus ángulos, adorándolos.

Mientras doy vueltas la voz de mi abuela se repite en mi cabeza:

“Habia una vez – empieza a contar – un suave jazmín, lleno de ternura y pureza, repartía su suavidad a todos en el bosque que habitaba; se mecía con el suave viento y coqueteaba con los rayos de sol que la visitaban cada día, sonriendo, jugando, irradiando, regalando su ternura. Tanta era la admiración que todos sentían por ella que desde lejanos lugares del mundo llegaban animales para verla.
”Sin embargo, habia un cuervo que, desde un árbol cercano al hogar de la dulce flor, le observaba durante varias horas al día. Celosamente custodiaba su pequeño amor, enamorado. Tan cegado por su obsesión estaba que en su locura decidió llevarse a la flor lejos, para que sólo él pudiese admirarla y su diáfana pureza lo llenase solamente a él. Entonces, un día de noche cuando todos dormían, arrancó la dulce flor de su refugio en la tierra y voló, voló hasta que nadie pudo encontrarlos jamás.
”La mañana siguiente, los animales del bosque desesperados por la ausencia de su amiga comenzaron la búsqueda, pero no consiguieron nada. Al poco tiempo, ya nadie viajaba de lejos para ver el bosque y a la pequeña flor…lentamente los animales desaparecieron y el bosque junto a ellos…
”El cuervo, por su parte, llevó al jazmín a un lugar apartado sin pensar en lo que esto provocaría, ni tampoco que su celosa y privada felicidad duraría tan poco tiempo, pues, poco a poco, la belleza y juventud de la flor la abandonaron hasta que solo se convirtió en el recuerdo de lo que fue alguna vez…- la voz de mi abuela se detenía por unos segundos y se escuchaba un niñito preguntar por el cuervo a lo que mi abuela respondía – …murió de pena y locura.”


Al apagarse la voz en mi cabeza, mis pasos comenzaron a acercarse a ella suavemente, hasta que llegué a su lado.

- Pareces una flor en un bosque obscuro – hablé cuando estuve aún más cerca.

Me miró con su ojos de miel y sonrió irónicamente sin contestar, entonces una parte de mi negro abrigo rodeó su cuerpo y me senté junto a ella. Un largo silencio nos envolvió.

- Eres una flor… – aseguré esta vez.

- ¿Y tú que eres? – preguntó de pronto tomándome la mano.

- ¿Qué soy? - exclamé desconcertado.

Recordé la historia de mi abuela, tomé su mano y la alejé volando de su lugar en aquel parque lúgubre, para no volver jamás.

sábado, marzo 03, 2007

Desconocidos

Era un día triste cuando se vieron por primera vez en un café del centro de la ciudad, desde ese día empezaron la rutina de encontrarse siempre a la misma hora y en ese mismo café. Luego de unos cuantos encuentros, en sus mentes comenzaron a gestarse fantasías propias que desarrollaban sólo con miradas seductoras, generalmente sosteniendo una taza con café o un cigarrillo en la mano. Vestían siempre de trajes elegantes, como ejecutivos.; ella usaba un traje de dos piezas: un pantalón o una falda, con corte vertical que dejaba ver sus blancas y largas piernas, y una chaqueta o una blusa escotada; él siempre de traje Armani, en diferentes colores y estilos. Acostumbraban a mirarse desde lejos, a tres mesas de distancia, y parecían comerse con los ojos; amantes en sus sueños y en sus mentes, cómplices de un amor extraño e incomprensible para los demás, eran dueños de un amor que no era amor y de fantasías irrealizables.

Un día llegó ella al café de siempre, en el horario acostumbrado. Esperándola se encontraba él, como siempre sentado a tres mesas de distancia, se miraban como siempre, pero los ojos de él que acostumbraban a tener lascivia desbordante, ahora la miraban con compasión y un poco de tristeza. Él se puso de pie y caminó hacía ella, la saludó seguro, ella lo miró nerviosa – era primera vez que oían sus voces – y repitió el saludo. Se sentó junto a ella y bebió un sorbo del café que sostenía en la mano. “Discúlpame” dijo con su voz roca y tranquila, ella se sentía nerviosa. “¿Por qué?” preguntó ella sobreponiéndose a sus nervios, él miró sonriendo tristemente y contestó de forma melancólica que al día siguiente se iría a otra ciudad y se casaría con otra mujer, ella sólo bajó la vista pero no respondió, ni dijo nada. Se puso de pie solamente y salió del café, dejando una taza olvidada repleta de líquido marrón en la mesa de siempre, en el café de siempre.

El día siguiente a la misma hora y en el mismo café, se pudo sentir la ausencia de los amantes silencioso que desnudaban con la mirada y se tocaban a la distancia, no hubo el típico expresso de él, ni el capuccino que ella tomaba diariamente. Él tomaba su café acostumbrado mientras miraba por la ventana de un avión, tratando de imaginarse sentado en su asiento de siempre, mirando a la mujer que bebía de pequeños sorbos su capuccino, pero ella no se encontraba en el café tampoco y no hubo nadie que pidiera un capuccino por ella, pues desde ahora ella sólo bebería el agua que se filtra de las flores que descansan sobre sus cabellos de oro.