Ahora no queda nada más que decirnos, cualquier palabra que de nuestras bocas salga se perderá en la oscuridad de la habitación y se hará trizas cuando golpeé el suelo. Aquí acostados no somos más que dos siluetas que intentan adivinar la expresión en el rostro del otro. No me tocas, pero sé que deseas hacerlo. No te beso, pero me muero por hacerlo. A veces, el orgullo herido puede más que el amor y aunque el dolor físico se olvide más rápidamente, son las heridas del alma las que perduran en el tiempo, pues no existen ni pastillas, ni ungüentos para sus aflicciones.
La noche ya termina y no sé cómo, pero descanso en tus brazos, no hemos dicho nada aún. Sólo te abrazo sin soltarte y aprovecho de sentir tu piel. Porque cuando salga el sol tendremos que volver a vernos las caras y las lágrimas que durante la noche no derramamos, se escaparán inevitablemente de nuestros ojos.
La noche ya termina y no sé cómo, pero descanso en tus brazos, no hemos dicho nada aún. Sólo te abrazo sin soltarte y aprovecho de sentir tu piel. Porque cuando salga el sol tendremos que volver a vernos las caras y las lágrimas que durante la noche no derramamos, se escaparán inevitablemente de nuestros ojos.
1 comentario:
Buenísimo, tienes talento, se agradece leer cosas así
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